Motivada por algunos hechos, me
encontré un día pensando que la impunidad, sostenida en el tiempo, hace que la
humanidad se estanque, simplemente porque provoca que poco a poco vaya
dejándose de asumir responsabilidades por los actos y las palabras. Se deja de
tomar conciencia, la mentira se vuelve lo normal y la palabra da lo mismo. Sin
embargo, poco después observé que en este mundo de opuestos, cuando algo se te
presenta una y otra vez descaradamente, llega el momento en que reaccionás y te
das cuenta de que lo que habías llegado a tomar como una forma inevitable, tiene también otra cara y es posible manifestarla. ¿Cómo
sabríamos lo que es la luz si no conociéramos la oscuridad, o lo que es el
calor si no hubiéramos experimentado el frío? El opuesto necesario para llegar
al conocimiento. Entonces, ese otro lado de la situación comienza a
aguijonearte de tal manera que ya no podés quedarte en el sillón, sentís que
hay algo que podés hacer.
En este sentido, el escenario de
incoherencias con el que me topé en el 2020 (esa fue mi experiencia) resultó
ser el trampolín perfecto para darle a mi vida la coherencia que me estaba
reclamando. ¿De qué manera? Otorgándole un sentido verdadero a mi película. En
primer lugar, reconociendo que ha sido mi película y la de
nadie más, y en segundo lugar aceptándola sin cortes. ¡Cuántas veces sentí el
deseo de quitar escenas de la filmación y quedarme sólo con el trailer!

Lo que me proporcionó este momento
de gloria no fue el agitar de una varita mágica, sin duda. Son años de
actividad interior. Y digo de gloria, porque arribar al instante en que mi mano
se lanzó a escribir espontáneamente un reconocimiento a la que me acompañó a lo
largo de toda esta vida, y declararle mi respeto y mi admiración, como si la
mirara desde la vereda de enfrente, fue un momento de gloria. Ese día
entendí que había estado teniendo una relación de amor incondicional conmigo
misma: en la salud y en la enfermedad, en la prosperidad y en la escasez, en la
risa y el mal humor, en la tristeza y en la alegría, en la calma y en la ira,
en la lógica y en la contradicción, en el pesimismo y el optimismo, en la
cordura y en la locura, en el miedo y en la intrepidez .... Cuando pude
encontrar la cohesión entre todos mis aparentes pedazos, el rompecabezas
(puzzle) adquirió sentido. Sí, un momento de gloria.
Como valor agregado, comprendí,
además, que reunir todas esas escenas que parecían retazos de distintas
películas, me da un poder interior que no conocía. Enseguida recordé la
brillante frase "Divide y reinarás" y la versioné de esta manera:
"Fragmenta las mentes y los tendrás en un puño". En otras palabras: “Que
no sepan quiénes son, que se tengan miedo a sí mismos, que no se encuentren
nunca”. Es que si nos pasamos la vida así, esforzándonos bestiamente (con
permiso de la lengua castellana) por ser lo que no somos, intentando ser algo, el
premio siempre se lo va a llevar otro.
Podría decir que el 2020 fue para mí el año del lavarropas.

Todo eso que venía estando en
remojo, lo pasé por
, lo pasé por las otras funciones: lavado, enjuague
y centrifugado. Intenso.
¿No queda nada por hacer? Sí, el
viaje continúa y yo, en la soledad de mi casa, sé que me
gané un premio.
Dicho
esto, doy por concluido el blog de la cuareterna, seguramente para iniciar otro.
Claudia M. Monasterio
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